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Nº13. Marzo 2026 – AESB

BARBASTRO, donde la hostelería y la huerta bailan en la danza del placer
SE INTERPRETE como se interprete, representa una de las facetas para la integridad de la vida. Sostenía Epicuro de Samos que “el placer es el bien primero. Es el comienzo de toda preferencia y de toda aversión.
Es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma”.
El epicureísmo inspirado por el filósofo entiende su disfrute de una manera moderada y racional para alcanzar la ataraxia, la serenidad del alma a través de los goces terrenales.
Por más que sea tentadora esta concepción, por estas tierras ponemos un complemento racional, el de Voltaire en su proclamación de que el placer da lo que la sabiduría promete.
La restauración de Barbastro, que crece entre reconocimientos de michelines y de soles y soletes, no es sino la consecuencia y el perfeccionamiento de una base sólida, de unos cimientos que se siembran, se plantan y se cultivan en la huerta y en los campos de la capital del Somontano. La preparación y la pasión de un buen número de cocineros jóvenes no es sino el seguimiento de inspiraciones como la de Joaquín Coll como altavoz y como recuperador, o incluso la sublime de Teodoro Bardají, el vecino binefarense reconocido como el gran artífice de la actual cocina contemporánea. La formación y la tecnología, en manos de chefs que han tomado el legado de muchos predecesores de una solvencia extraordinaria y un juramento de respeto al producto, ha tomado productos como el tomate rosa, las borrajas, el alpicoz, las calabazas y tantos y tantos frutos de este pequeño ecosistema virtuoso que es el vergel del Somontano, Los han regado con vinos deliciosos arraigados en usos ancestrales de siglos y siglos, y el placer se ha convertido en virtud.
La hostelería, asumido un liderazgo de integración entre la restauración, la repostería y la industria de la amabilidad, ha sumado a la reconocida fortaleza comercial la seguridad de que en  Barbastro y su comarca se vive bien. Que no es cuestión baladí ni superficial, sino profundamente transformadora. Y es que, con buena pitanza, la vida transcurre hacia la oportunidad de  cosechar la serenidad del cuerpo y del alma